<span class="entry-title-primary">Apertura del processo di Madre Evangelista (ES)</span> <span class="entry-subtitle">di P. Pierdomenico Volpi</span>

Apertura del processo di Madre Evangelista (ES) di P. Pierdomenico Volpi

Lettera in occasione dell’apertura del processo diocesano sulla vita e virtù di Madre Maria Evangelista Quintero Malfaz: 26 novembre 2012

 

 

Estimada Madre Abadesa y estimadas hermanas, seguramente el estar reunidos es ya un motivo de gozo; y el gozo es mayor por el evento de Apertura del Proceso diocesano sobre las virtudes de la Madre María Evangelista. Fundadora de este monasterio. Me permito de añadir que es un motivo de alegría, el hecho de que para esta ocasión se hayan reunido los diferentes miembros de la familia Cisterciense presentes en España.

Alguno podría preguntarse ¿por qué recordar a una monja del siglo XVII?

¿Qué significado tiene para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, introducir la Causa de esta monja que vivió siglos pasados? ¿No, es quizás, perder el tiempo con tantas necesidades que cercan a la Iglesia, a la Orden y al mundo?

Trato de responder a estas preguntas con una frase de Bernardo de Chartres: «Somos comos enanos a hombros de gigantes, por lo que podemos ver más cosas y más de lejos de lo que ellos vieron no, porque nuestra visión sea más aguda, o porque nuestra altura nos eleve, sino porque somos sostenidos por la estatura de los gigantes sobre los cuales nos apoyamos.» 

Hago relevancia en «porque nos sostiene y eleva la estatura de los gigantes sobre los cuales nos apoyamos». Concretamente hoy nosotros podemos ver más lejos, porque las generaciones pasadas nos lo han permitido, sin ellas nosotros no podríamos ver más cosas ni más lejos. Esto nos tendría que llevar a reconocer y recordar las generaciones de nuestros padres, de nuestros abuelos, en definitiva de todos nuestros antepasados: y ellos han trabajado, se han cansado, han rezado y han esperado por nosotros, para que nosotros hoy estemos aquí.

Permitan que les cuente un recuerdo personal, que puede aclarar mejor aquello que quiero decir: a la muerte de mi abuela, tenía doce años, encontramos una copia de una carta suya escrita a mi padre -regresando a casa después de cuatro años de guerra- desde un hospital militar en una ciudad del norte de Italia. Es el año de mil novecientos cuarenta y cinco y mi abuela buscaba otro hijo desaparecido durante la guerra. Llegando a este hospital le confirman que el hijo que estaba buscando había muerto hacía algunos años poco antes de cumplir los veinte años. Mi abuela comunica por medio de aquella carta, la noticia a mi padre y entre otras cosas le escribe: “ esperemos que su hermosa alma haya ido al cielo”. Estas palabras me golpearon profundamente, porque entendí que la fe es algo real no algo mágico. La fe de mi abuela, expresada en estas pocas palabras, era la fe de una campesina que había hecho sólo primaria, pero esas palabras fueron, para mí, como las espaldas del gigante porque me permitió profundizar, evidentemente como adolecente, el discurso sobre la fe. He contado este hecho, porque estoy seguro, que ninguna persona de las precedentes generaciones, no tenga nada que decirnos en nuestros días, por eso, no es justo que caiga en el olvido.

La deuda de agradecimiento con las generaciones pasadas se explica concretamente en el recuerdo: es significativo que en algunos pueblos, se enseña, desde niños, los nombres de sus progenitores para ser memorizados; el olvidarlos significaría cortar aquella relación con aquellos que nos han dado la posibilidad de ver más cosas y más lejos; como afirmaba Bernardo de Chartres. Tenemos pues, una motivación más que válida para no olvidar a Madre Evangelista: esta mujer del siglo diecisiete, fue un verdadero gigante, porque su experiencia vive actualmente en el Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz y ha dado la posibilidad a sus actuales hermanas y fieles que a través de los siglos la han conocido de encaminarse continuamente a la búsqueda de Dios.

El Monasterio de Casarrubios es la demostración tangible de la actualidad de la María Evangelista; esta casa, está viva, como está todavía vivo su recuerdo. Por este monasterio la Madre ha sufrido y rezado, porque tenía la certeza que la fundación era la voluntad de Dios, el Padre Damian Yáñez Neira, describe así los inicios del nuevo cenobio: «si todas las obras de Dios son selladas por la contradicción, la fundación del Monasterio de Casaburrios del Monte, no fue contra tal principio. Comenzando por su misma fundadora, que fue acusada de visionaria, mentirosa, ilusa, y que no era ni siquiera monja de coro, cuando comunicó a su confesor, el Padre Vivar que, en éxtasis, Dios le había revelado que, con el tiempo, se convertiría en la fundadora y primera abadesa del monasterio de la Orden. Después el pueblo de Casarrubios no quería aceptarla. En el viaje el enemigo llevó el deseo de la fundadora al bordo del precipicio, etc». 

Estamos en el año de la Fe, pienso que la nueva evangelización, más que ser explicada, tiene la necesidad de ser contada, entonces es necesario conocer testimonios convincentes que hayan sabido generar la fe en hombres y mujeres de buena voluntad. El ejemplo de ellos nos da fuerzas para creer que el Evangelio, es el don más grande para compartir con cuantos en todo tiempo y en todo lugar se dedican a la búsqueda de Dios; el Único que puede dar una respuesta al por qué de nuestro vivir. Estoy convencido que nuestra Madre Evangelista, es uno de estos testigos y el hecho de que se haya dado el inicio de su Causa, superando más de una dificultad, es la prueba más convincente.

El gran artista Miguel Ángel Bonarroti en una poesía escribe: Se ben col fattor l’opera sua consuona// che colpa vuol giustizia ch’io n’aspetti,// s’ì amo, anz’ardo, e per divin concetti// onoro e stimo ogni gentil persona? (La obra es semejante a su hacedor, y, entonces, ¿por qué tener que sentirme culpable, si amo, si ardo de amor y honro y estimo a cada persona amable, descubriendo en ella la imagen divina?); los santos son la obra mejor lograda de Dios en ellos descubrimos la impronta divina: En toda la vida de la Madre Evangelista, nosotros podemos descubrir la presencia de Dios: sea de joven, que de hermana conversa, sea de monja corista, que de fundadora, ¿por qué no podemos honrarla? Hemos dicho que la vida de los santos es la ejecución armoniosa de la partitura musical de las bienaventuranzas; son los testimonios visibles. La vida de la Madre Evangelista es un continuo ejercicio para seguir dignamente esta partitura musical; sin anticipar la Conclusión de la Causa, y de los testimonios que nos han dado, no podemos decir que esto no haya sucedido en este modo.

En realidad, la Obra de Madre María Evangelista es la de una criatura sencilla, que se siente de modo misterioso y desconcertante, envuelta en el amor de Jesucristo, y que a Él entrega toda su existencia: entra libre y felizmente en un monasterio de clausura cisterciense, para cantar con todo su ser el canto de amor de su vida entera, recibiendo, con el pasar del tiempo, el proyecto que Dios le reserva: todo la recibió como don  y ninguna cosa que recibió de Dios la retuvo para ella misma – incluidos los dones extraordinarios- pero de otra parte, los ha dado haciendo de  la caridad la fuente de su vida. La Madre Ana de Jesús y María abadesa del monasterio de los santos Joaquín y Ana de Valladolid, en un escrito recoge el testimonio de dos ancianas monjas sobre la Madre Evangelista por ellas conocida: “en general dicen muchas cosas de su gran virtud y santidad y también de su humildad y de su caridad de la cual afirmaban «no tenemos necesidad solamente de hablar sobre la caridad sino también de practicarla. Todo tiene que ser hecho por el Señor, que con tanta bondad, de sus manos, nos ha dado innumerables dones”.

En el capítulo cuarto de la Regla de San Benito, entre los instrumentos de las buenas obras, se afirma que el monje tiene: “que hacerse extraño a las costumbre del mundo”. Este  instrumento para el monje es una norma esencial y también general: él es por definición, uno que ha dejado el mundo con todo aquello que gira entorno a él. Afirmar que reflexionar sobre la vida de los santos y divulgar sus testimonios, cercanos o lejanos, sea una pérdida de tiempo cuando existen tantos problemas, me parece una afirmación farisaica para querer esconder que las dificultades, las preocupaciones y las complicaciones tienen que ser afrontadas, no según el criterio de Dios (como lo afirma la existencia de los santos), sino según el criterio del mundo. Entre tantos obstáculos que la Madre Evangelista ha tenido que afrontar y superar podemos elegir uno de tipo personal – el ser recibida en el monasterio como hermana conversa, mientra su deseo era de convertirse en monja corista; y uno de tipo comunitario – los innumerables obstáculos para la fundacion del Monasterio de Casarrubios del Monte-.

¿Cómo ha afrontado la Madre todo esto? con una fe ilimitada en Dios y en su providencia; y a tal propósito me vienen a la mente las palabras de Lucía, uno de los personajes principales de ” i promessi sposi” del escritor Italiano Alessandro Manzoni: “dejemos actuar al de arriba, no queréis que Él sepa encontrar el modo de ayudarnos, mejor que lo que podemos hacer nosotros, con todas nuestras astucias?” De aquellas astucias nosotros hacemos muchas, una es precisamente la de afirmar que no tenemos tiempo “para ciertas cosas y ciertas personas” mayores y no nos damos cuenta que, mientras se afirma esto, se comete el mismo error de Marta, mereciendo la misma llamada de atencion por parte de Jesus: “Marta, Marta, tú te preocupas y te agitas por muchas cosas, pero solamente de una tienes necesidad. María eligió la mejor parte, que no se le quitará” (Lc 10, 41-42).

La existencia de la Madre Evangelista es una repetida llamada de atención a vivir los problemas, personales y comunitarios, con una ilimitada confianza en la providencia divina y no según los criterios del mundo; esto vale principalmente para los monjes, que han entregado la vida en las manos de Aquel, que si a los buenos permite la desventura, les da corazón y fuerza para sostenerla.

Termino recordando las últimas palabras que el Beato Cardenal Ildelfonso Schuster dejó como recuerdo a los seminaristas de la diócesis y que mi párroco me repetía a menudo, habiendo sido Ordenado por el Beato Arzobispo de Milán. Son palabras que tendrían que ser siempre meditadas; si bien son del año de mil novecientos cincuenta y cuatro, son todavía hoy actuales: “Vosotros deseáis un recuerdo de mi. No tengo otro recuerdo para dejarles que una invitacion a la santidad. La gente parece que no se deja convencer por nuestra predicación, pero frente a la santidad, la gente todavía cree, todavía se arrodilla y reza. La gente parece que vive en la ignorancia de las realidades sobrenaturales, indiferentes a los problemas de la salvación; pero si un santo auténtico, vivo o muerto, pasa, todos se acercan a su paso. ¿Recuerdan la multitud en torno del ataúd de Don Orione? No os olvidéis que el diablo no tiene miedo de nuestros campos deportivos, ni de nuestros cines, él tiene miedo de nuestra santidad”. Creo poder afirmar que el diablo ha tenido miedo de la vida de Madre Evangelista, y ha hecho de todo para hacérnosla olvidar; la Apertura del Proceso sobre las virtudes podría ser el inicio de la derrota del espíritu del mal, porque «Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa” (Mt 5, 14-16).

Esperemos que el conocimiento de Madre María Evangelista nos ayude a hacer más luminoso el Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios; las Congregaciones Cistercienses de Castilla y de San Bernardo en España, la Orden Cisterciense, la Familia Cisterciense y toda la Iglesia.

A 13 de noviembre 2012, fiesta de todos los santos monjes que han combatido bajo la Regla de San Benito.

Pierdomenico M. Volpi
Postulador General de la Orden Cisterciense

 

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