<span class="entry-title-primary">Encuentro con la Comunidad Cisterciense de Valserena (ES)</span> <span class="entry-subtitle">di P. Pierdomenico Volpi</span>

Encuentro con la Comunidad Cisterciense de Valserena (ES) di P. Pierdomenico Volpi

Querida Madre Abadesa y queridas hermanas:

Mi saludo quiere manifestar ni cercanía a todas y casa monja de este monasterio. Como Postulador General de la Orden Cisterciense expondré, si bien sucintamente, una monja y un monje cisterciense cuyos procesos de canonización están bien encauzados. Al finalizar, estaré a vuestra disposición para eventuales preguntas.

Sobre un trocito de papel P. Felice escribió estas palabras: (I Santi) vivieron con dignidad una vida virginal, llena de adornos de la fe, y vieron los horizontes de la tierra de los justos, iluminada por ángeles, suspirada y querida por nosotros, la saludaron, y se convencieron que esta era su patria, manantial de vida, y morada de vírgenes. 

Estas palabras nos hacen descubrir qué es la santidad: una donación total, sin reservas a Dios. En mi no muy larga experiencia como Postulador de la Orden, buscando y leyendo lo que nuestros Siervos de Dios nos han legado, tomo siempre más conciencia de la veracidad de las palabras de Padre Felice. Por otra parte, sin embargo –lo digo con un sentimiento de tristeza- he comprendido cuan verdaderas son las palabras de Manzoni en el Himno incompleto Ognissanti siano vere: Il secol vi sdegna, e superbo/ domanda quel merto agli altari/v’addusse; che giovin gli avari/tesor di solinghe virtù. Estos versos forman parte de la primera parte del Himno en el cual Manzoni evoca a los santos que vivieron en el silencio, es decir, que se dieron a la vida contemplativa y monástica. El mundo no puede admirar a tales santos, es más, los considera como inútiles. He podido constatar que, no sólo el mundo sino también a algunos monjes y monjas les parece inútil mantener esa idea de santidad con más razón si es también proclamada oficialmente.

En el libro de los Diálogos de Geregorio Magno se lee que un día, el Papa cansado de las obligaciones debidas al pontificado se pone a conversar con el diácono Pedro, muy querido por él. Éste último comienza la conversación que se convertirá en los libros Diálogo. Pedro anima al Papa a contar la vida de hombres que han consagrado su vida a Dios:

Quisiera que a mi petición tú respondieras algo de aquellos que te parecen fuera de lugar, interrumpir por tal motivo el estudio de las Escrituras, porque el recuerdo de estos milagros produce no una menor edificación. En efecto, con el estudio de las Escrituras se aprende cómo se debe llegar a la virtud, mientras que con la narración de los milagros conocemos, como una vez alcanzada y preservada la virtud, ésta se manifiesta abiertamente. Algunos son inflamados de amor por la patria celeste más por los ejemplos que por las enseñanzas, y el alma de quien escucha a menudo la narración de los ejemplos de los Padres recibe una doble ventaja: de la comparación de quien lo ha precedido es llevado al amor de la vida futura, y si tiene hacia él mismo una buena estima, cuando haya conocido los hechos más notables de otros, será inducido a la humildad.

Quisiera subrayar que Pedro insiste ante el Papa Gregorio que los santos y sus vidas favorecen la vivencia evangélica. Deseo, por tanto, que mi exposición sobre algunos de nuestros Siervos de Dios pueda ayudarnos más a vivir según la alegría evangélica.

Madre María de San Juan Evangelista Quintero Malfaz (1591-1648) 

La vida terrena de Madre Evangelista es muy sencilla… Lo que realmente es sorprendente es la experiencia mística que nos ha dejado. La Madre escribe por orden de su confesor pero también porque el Señor mismo le pide de escribir aquello que Él le sugiere. Seguidamente, a más de un escrito le fue asignado un título, por ejemplo: Misericordias de Dios comunicadas a Su sierva, Venerable Madre Evangelista, Tratado sobre las virtudes de la Venerable Madre María Evangelista, De cómo deben ser los prelados y los superiores de la religión y de los conventos, etc.  

Los escritos de la Madre Evangelista deben ser leídos como se debe leer la Divina Comedia según la carta que Dante escribió a Cangrande della Scala. Como la Comedia está entretejida de alegorías, más aun, es ella misma una alegoría, de este modo los escritos de la Madre son una alegoría bíblica. La razón de escribir, inicialmente no la sabe, por tanto le pregunta al Señor y la respuesta es la siguiente: con el pasar del tiempo la Sagrada Escritura ha sido ensombrecida por inútiles complicaciones, por consiguiente lo que tú escribes debe servir para devolver la pureza a Su Palabra.

Sorprende que una monja que escribe en los primeros decenios del siglo XVII pueda en un cierto modo, tratar de Inerrancia Bíblica; Escribe que el Señor le expresa Su deseo de que también las mujeres anuncien Su palabra. La Madre responde que san Pablo impone el silencio a las mujeres en las asambleas, y le pregunta entonces al Señor si Pablo se ha equivocado, ¿cómo podría sostenerse la inspiración de los escritos paulinos? El Señor le responde que el Apóstol de los gentiles, a veces, escribe bajo la influencia de las circunstancias y del lugar en el cual se encuentra.

En el texto referente al Génesis, María Evangelista, siempre bajo las indicaciones del Señor traza la historia de la humanidad teniendo como centro la Cruz que extiende su sombra en el pasado y en el futuro: sólo la Cruz da significado al revelarse el tiempo. La Cruz no es sólo el sufrimiento físico de Cristo sino, de modo especial el sufrimiento moral: sólo la Cruz ilumina el Antiguo y el Nuevo Testamento. Dios creó al hombre, el cual, con el pecado original se separó del Creador; es característico el hecho del árbol que fue creado bueno, también el fruto era bueno porque eran creadas por Dios; es el uso que se hizo el que fue negativo. Ya precedentemente se dio la rebelión de algunos ángeles que dio origen a Lúcifer: la desobediencia de algunas criaturas celestes fue debida al hecho que se negaron a aceptar la humanidad de Cristo que, a su tempo, se hubiera Encarnado (¡Cuántos en el curso de la historia no han aceptado ni no aceptan la humanidad de Cristo!). A pesar de la desobediencia, Dios decide que un determinado número de hombres se salven; viene espontáneo el preguntarse por qué un número (también en el Apocalipsis encontramos un número de salvados). La respuesta a esta pregunta es sencilla pero no inmediata: en Dios no existe el tiempo por tanto podía solamente establecer un número de salvados y luego sería el fin del mundo. Es interesante también la explicación de los sucesos che a nosotros nos parecen dolorosos, y que en realidad los son, como el diluvio universal, la salida de Egipto, la Cruz, según lo escrito por Madre Evangelista son sucesos que confirman la Renovación de la Humanidad.

Alguno podría pensar que la Madre Evangelista sea una loca visionaria; es mejor, por lo tanto escuchar sus palabras para alejar toda duda a tal propósito. En el Tratado sobre las virtudes, escribe:

Una vez, recogida como normalmente estoy en el Señor amándolo con todo mi corazón y mi alma, de repente vi que en el cielo había una especie de libro muy grande sobre un gran atril. Y yo, apenas lo vi, traté de no hacer caso… Sucedido esto, de allí a pocos días, una mañana Nuestro Señor me dijo que era su voluntad que yo escribiese un pequeño tratado en el que se enseñasen y se dijera algo sobre el estado de las virtudes, y cuál era la virtud perfecta y cuál no tan perfecta y cuál era falsa. Y cómo se pueden reconocer mejor cuáles son las verdaderas visitas y revelaciones de Nuestro Señor a un alma, y cuáles son las falsas que vienen del demonio o de la imaginación. 

Afirma después su incapacidad para escribir argumentos tan altos pero si es el querer de Dios lo hará. Cuenta luego la apertura del gran libro y termina con estas palabras:

Y yo permanecí, después de esta visita que Nuestro Señor me había hecho, con el alma llena de admiración y gran consolación. Y por muchos días no abandonó mi alma, ni escapó de mi memoria esta misericordia tan grande que Nuestro Señor me había hecho. Y siempre llevo en mí, en mi alma e impresa en el corazón la memoria de aquel Sagrado libro de la grandeza y sabiduría de Dios. Y por esto y por todo lo que Su Majestad hace, sea bendito por siempre. Amén. 

Felice María Chebreamlak 

En la muerte del Padre Felice el 8 de junio de 1934, El Observador Romano escribía: Su vida, tan escasa de hechos exteriores que se pueden contar en pocas líneas, pero sin embargo rica en interioridad, permanecerá como un testimonio brillante y generoso de cómo servir a un ideal, también sólo en la preparación y con el deseo hasta la grandeza del sacrifico heroico. 

El periodista del Observador Romano, tenía razón al decir que la vida del P. Felice fue escasa en hechos exteriores. La Providencia divina, sin embargo, eligió a un pobre campesino eritreo nacido en 1895, para convertirlo en padre de una institución monástica que todavía hoy está viva. Él tuvo la alegría de ver germinar la planta que sembró cuando llegaron los primeros seminaristas a Casamari, pero no vio el crecimiento de la planta. Es posible decir que en él actuó plenamente la ley del Evangelio: Si el grano de trigo no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

Haylemariam, este es el nombre de bautismo del Padre Felice, nacido en un pequeño pueblo eritreo, el 23 de junio de 1895 de padres coptos que, luego se convirtieron al catolicismo. Quedó huérfano de madre y se sentía a disgusto con la nueva mujer del padre por lo que, de acuerdo con el párroco, dejó su pueblo y se fue a vivir con las hermanas de Chepen y en 1907 entró en el seminario de la misma ciudad. Recuerda un compañero suyo: Desde su primer ingreso en el seminario Haylemariam se distinguió de forma especial en la virtud de la obediencia. Era indiferente si el Superior usaba con él un comportamiento imperativo o moderado, maneras dulces o severas; él veía en el superior a Jesús mismo, y por eso le estaba sometido con admirable humildad. Durante los estudios se le llamó Hailé Kedus (Haylé santo); pasaba mucho tiempo junto al Tabernáculo; podemos pensar que cada ver estaba más convencido de lo que escribió en una libreta: Mi alma vale más que los astros que brillan sobre mi cabeza. Estoy justo después de los Ángeles. Dios no sabe qué hace sólo con media oferta: o todo o nada. Jesús no quiere las apariencias, si estas no van acompañadas por la santidad del corazón. 

El 22 de septiembre de 1918 fue ordenado sacerdote y enviado a Barentù en la tribu Cunamà donde permaneció hasta 1920 cuando fue llamado a Chepen como profesor del seminario donde estuvo hasta 1925 cuando partió a Roma. Durante este período recuerdo el testimonio de Abba Joannes que sirviéndole en la Misa en Chepen llegado a la elevación vio a Haylemariam que lloraba conmovido. Mientras que Abba Josief recuerda que asistiendo a su Misa en la Iglesia de Addis-Addi, a las palabras Ahdù ab Kedus (Tú solo eres Santo) vio a Haylemariam elevarse sobre el suelo.

Desde seminarista pensaba entrar en la vida monástica y la idea de un monaquismo católico en Etiopía era el tema de todas sus conversaciones. Este era su deseo que no podía ser cumplido porque en Abisinia no había monasterios católicos sólo coptos. Haylemariam no desesperaba y continuaba rezando ardientemente por su deseo.

Nombrado Director Espiritual del Pontificio Colegio Etiópico partió para Roma. En la ciudad eterna se hizo posible su deseo de fundar un monasterio católico en su tierra. Obtiene el permiso de entrar entre los Benedictinos de San Pablo donde es acogido por el abad Schuster; los benedictinos no vieron posible el proyecto del humilde sacerdote eritreo que volvió, en 1929 al Colegio Etiópico.

Gracias al cardenal Lèpicier, Prefecto de la Congregación de Religiosos, con la bendición del Papa Pío XI al fina Haylemariam pudo cumplir su deseo entre los monjes Cistercienses: el 16 de septiembre de 1930 ingresó en la Abadía de Casamari que había aceptado de llevar adelante su ardiente deseo. En la vigilia de la Inmaculada de 1930 recibía el hábito y comenzó su noviciado asumiendo el nombre de Felice María. Normalmente celebraba la Misa después del Oficio de Lecturas hacia las cinco de la mañana en su propio rito oriental. Desde el noviciado el abad y la comunidad sintieron por él una veneración profunda. El 19 de mayo siguiente los primeros doce jóvenes, y otros diez el 18 de octubre, fueron a establecer el nuevo sector de la Escuela apostólica Etiópica en Casamari llegando hasta el número de 24 eritreos; esta fue la más grande alegría del Padre Felice. En 1931 emitió la profesión temporal y fue nombrado decano de Clérigos; quería a todos santos fueran italianos que eritreos.

Hacia primeros de enero de 1933 los superiores sintiéndole toser repetidamente le hicieron visitar y desgraciadamente se constató que el bacilo de Koch se había asentado en sus pulmones y que el mal había llegado ya a un estadio avanzado; ningún remedio fue ahorrado pero todo fue inútil. Agotados los medios humanos el abad de Casamari consigue que Padre Felice fuese a Lourdes y así, el 25 de agosto, partió. Durante el viaje todos lo querían cercano y Felice para todos tenía una palabra de consuelo. En un librito había escrito una oración a la Virgen; en Lourdes quiso ofrecer su vida a Dios por la salvación de su patria y por el incremento de la nueva institución monástica.

Vuelto a Roma las condiciones no mejoraron; sus preocupaciones eran los gastos que el monasterio tenía por él. Escribió al abad pidiendo volver a Casamari para esperar al Señor. De Roma fue llevado al hospital de Sora; la cercanía de Casamari y e San Domenico hicieron posible visitas más frecuentes y casi diarias de sus hermanos. En el hospital de Sora, después de ingresar, iba una vaivén de personas que quería visitar al monje eritreo: desde el obispo de Sora Mons. Mancinelli al abad General de la Orden Cisterciense Janssens, dede los médicos hasta los campesinos. El obispo,, que a menudo lo visitaba, ya fuera predicando en la catedral, ya fuese hablando a las Asociaciones católicas recordaba a menudo al Padre Felice y lo ponía como ejemplo de modo que toda la ciudad sabía del morito santo que tenían en su hospital.

Viendo inútiles las curas, Felice pidió con insistencia al abad de Casamari de poder hacer la Profesión Solemne en articolo mortis puesto Es mejor que yo la haga mientras esté en mis plenas facultades. ¿A quién le gustaría hacerlo entre los espasmos de la muerte sin saber apenas que está haciendo? El 4 de abril fue revestido del hábito monástico y llevado en camilla hasta la Capilla del Hospital donde emite la Profesión Solemne en las manos del Prior del monasterio de San Domenico, el P. Mauricio. Es feliz más la situación en los día sucesivos empeora rápidamente. La mañana del 8 de junio. Fiesta del Sagrado Corazón, la situación es gravísima y repite continuamente Sí Jesús, te amo y te quiero amar siempre. A las 18’15 muere. A la noticia de su muerte se produce un correr de personas de toda clase social; el féretro es llevado al monasterio de San Domenico donde se desarrolla la liturgia fúnebre y llega a Casamari donde será sepultado.

De sus escritos se evidencia su total disponibilidad a la voluntad de Dios y su fuerte apego a la vida monástica y de particular modo a la vida cisterciense vivida en Casamari; en este monasterio quería morir.

Queridas hermanas, estos dos ejemplos nos dicen que la santidad es posible; también hoy nosotros debemos testimoniar que la vocación monástica cisterciense no está muerta; es un carisma actual y un camino que conduce al encuentro con Dios.

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