<span class="entry-title-primary">Sinodo Cistercense 2012 (ES)</span> <span class="entry-subtitle">di P. Pierdomenico Volpi</span>

Sinodo Cistercense 2012 (ES) di P. Pierdomenico Volpi

INFORME DEL POSTULADOR GENERAL

SINODO DE LA ORDEN CISTERCIENSE 2012

 

Hace casi un año que he sido nombrado Postulador General de la Orden Cisterciense y, por tanto, siento como un debe, exponer, al menos para los dirigentes, lo que he encontrado, lo que he hecho y lo que es necesario hacer. Algunas veces, se sostiene que la Congregación de la Causa de los Santos es una Congregación sin problemas particulares, sin preocupaciones ni contrariedades porque se ocupa de los muertos, al contrario de otras Congregaciones vaticanas que tratan de personas vivas. Si estamos convencidos de esta afirmación, viene espontáneamente que mi exposición será sobre los difuntos y pos consiguiente podéis estar tranquilos porque no os crearé preocupaciones.

Desde hace años la Orden no tenía Postulador, el último fue Dom Gregorio Battista y luego ha habido un intervalo de tiempo de más de diez años. Desgraciadamente antes de él no parece que la Orden haya tenido un Postulador General: todo esto explica, en parte, la lentitud de nuestras causas.

Las causas que he encontrado en la Congregación de las Causa de los Santos son cuatro: el Beato Vincenzo Kadlubek, la Venerable Verónica Laparelli, el Venerable Don Felice Haylemariam Ghebreamlak, el Siervo de Dios Dom Jean Leònard. Está también la causa de la Sierva de Dios Benedetta Frey del monasterio de la Visitación de Viterbo pero está confiada a otro Postulador.

Durante mi mandato he tratado de informarme principalmente sobre estas causas y si, por lo que se refiere a Verónica Laparelli y Don Felice, se está a la espera de un milagro, para el Beato Vincenzo Kadlubek la positio, ya lista en los años setenta, no se ha presentado nunca en la Congregación; para este beato se espera que la Congregación polaca pueda pedir al Papa, vista la grande devoción pro el Beato en Polonia, de equiparar ésta al milagro y, por tanto, se podría proceder a la canonización. He pedido el parecer del arzobispo de Cracovia y del arzobispo…  dan todo su apoyo para la canonización. Sin embargo se necesita dar más pasos. La principal dificultad es la lentitud de las comunicaciones ente el monasterio de Jedrezejow, las diócesis de Cracovia y… y la Postulación.

Por cuanto concierne al Siervo de Dios Dom Jean Leònard, con la ayuda del vicepostulador se está preparando la Positio para presentarla a la Congregación. El trabajo, pienso que será largo y fatigoso porque el Siervo de Dios ha escrito mucho (el trasunto, es decir la copia de sus escritos, biografías y testimonios varios ocupa más de veinte volúmenes, la mayor parte, de más de quinientas páginas cada uno). Aquí también debo subrayar la lentitud en el realizar las prácticas necesarias a menudo debida también a la indecisión de la diócesis de Caracassone a la que pertenece la abadía de Fontfroide donde murió Dom Jean Leònard.

En esta año también se ha introducido la causa de canonización de la Madre María Evangelista Quintero Malfaz fundadora del monasterio de Casarrubios del Monte en la diócesis de Toledo; el arzobispo de esta diócesis se ha mostrado disponible y ha aceptado el Supplice Libello. Ahora estamos a la espera que el Delegado del obispo establezca la fecha para comenzar el proceso de esta Sierva de Dios.

Era mi deseo introducir en la diócesis de… la causa del P. Henri Denis, fundador del monacato cisterciense en Viet-nam, pero por ahora, no he recibido una respuesta por pare de la Congregación de la Sagrada Familia. También es mi deseo introducir en la diócesis de Frosinone –Veroli- Ferentino la causa del martirio de 6 monjes asesinados en Casamari el 13 de mayo de 1799. Errónemente aquí nunca se ha introducido nada porque, a según el vicario general de la diócesis en los años veinte del siglo XX, afirmó que los religiosos fueron asesinados por dinero y no por odio a la fe –parafraseando el Evangelio, esta habladuría ha llegado hasta nuestros días. Consultando a la Congregación, el problema de estos religiosos  no es probar que hayan sido asesinados por odio a la fe (entre otras cosas, esto es muy difícil encontrarlo en estado puro en el curso de la historia) sino que haya habido fama de martirio y devoción a lo largo de los siglos. Si así fue al inicio, después, debido a otros problemas y de la afirmación tendenciosa arriba citada, la fama y la devoción menguó cada vez más. Ahora se está re-emprendiendo al poner al lado de la tumba, material divulgativo y un cuaderno donde los fieles pueden escribir peticiones de oración o su agradecimiento a los mártires. Cuanto antes cuento con presentar todo al obispo diocesano para saber su parecer.

Me he alargado al tratar los mártires de mi monasterio, porque son, un poco, el sentir la santidad en nuestra Orden; obviamente si nuestro sentir es errado también el interés por nuestros hermanos o hermanas (no es necesario que sean propuestos para la canonización) es escaso o inexistente. Aquí debo, lamentar un poco la falta de ayuda concreta por parte de la Orden, en general y, desgraciadamente, también el poco entusiasmo; entusiasmo que he encontrado en parte del monasterio de Cortona por Verónica Laparelli y por el monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte por la Madre Evangelista. Lo digo sin acusar a nadie es sólo por exteriorizar mi sentir y para pedir una mayor ayuda y colaboración por vuestra parte y de vuestras comunidades.

A menudo cuando se habla de los santos aflora una sonrisa en los oyentes, sonrisa a veces de burla, a veces de compasión, casi como si quisiera decir que los santos son cosa de otros tiempos, que el procedimiento de canonización es costoso, que las canonizaciones no sirven, etc; este pensar, creo que se debe, a una opinión equivocada sobre la santidad por lo que intento reflexionar con vosotros sobre la santidad en general. Si hoy somos monjes cistercienses, se lo debemos a tantos de nuestros hermanos y hermanas que, a través de los siglos, más o menos observantes, más o menos coherentes, nos han entregado la herencia que ellos mismos habían recibido de nuestros Fundadores y de San Bernardo. ¿Qué hemos hecho hoy de esta herencia? Podemos mostrar a los visitantes y huéspedes nuestros monasterios antiguos, las bellas arquitecturas góticas o barrocas de nuestros edificios, nuestros pergaminos, nuestra creatividad (desde el canto gregoriano a los establos, de los viñedos a los quesos) pero las piedras vivas de nuestros monasterios son los hermanos y hermanas de las generaciones pasadas, ellos continúan velando sobre nuestros monasterios porque como todo hijo está preocupado por la suerte de su madre, tampoco ellos pueden estar plenamente en la gloria mientras que un hijo de la misma madre no responda con generosidad y con autenticidad a la vocación monástica en la que ellos vivieron y murieron. Entonces, ¿por qué no dar a conocer a estos hermanos y hermanas? ¿Por qué olvidarlos? (por encima de eventuales procesos de canonización).

Examinando las ramas de la teología podemos ver la utilidad por el Reino de Dios pero, si miramos bien, es la Santidad la que incluye la mayor parte de personas creyentes y no creyentes. El cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las causas de los Santos en la  introducción al Studium de la Congregación 2012 dijo: “Hoy, ya sean los fieles, también los más distraídos e indiferentes, ya sean los llamados “alejados”, reservan para los santos una atención particular, que no es simple curiosidad. Es fuerte, en efecto, la referencia a modelos ejemplares de comportamiento, que indistintamente edifican a todos. Los santos, en efecto, son personas buenas, que hacen el bien a todo, sin ningún tipo de discriminación y como tales son reconocidos… Quizás no se ha evaluado suficientemente en la catequesis el influjo benéfico ejercido por los santos.

Nuestro dejar caer en olvido la “santidad” de nuestra Orden e, quizás, debido a una equivocada concepción de la santidad sobre todo al creer que el motivo principal por el cual se señala como ejemplo, un monje o una monja, sea para dar lustro a un monasterio a la Orden. No es así, estos hermanos nos indican, sin embargo, la vitalidad de nuestra Orden que no es un animal del zoológico para poder admirarlo con interés como si estuviese casi en vías de extinción (¡¡como un oso Panda!!). En nuestra Orden ha habido (no quedémonos sólo en los siglos XII y XIII, por favor) y hay tanto bien y nuestros hermanos, a través de los siglos nos han dado prueba de ello.

Para concluir cito a San Bernardo y al Papa Benedicto XIV que nos ayudan a no subestimar el influjo benéfico de la santidad en nuestras personas, en nuestros monasterios y en nuestra Orden para no caer en la trampa de hacer muchas cosas que, quizás, no nos hacen estar con el Señor Jesús como sin embargo nos aconsejan los santos.

San Bernardo en el sermón en las vigilias de San Pedro y San Pablo dice: Tres son por consiguiente las cosas que debemos considerar atentamente en la festividad de los santos: la ayuda del santo, su ejemplo y nuestra confusión. Su ayuda porque quien ha sido potente en la tierra es más potente en los cielos en la presencia del Señor su Dios… También debemos mirara su ejemplo porque, por cuanto ha visto en la tierra y ha hablado con los hombres, no se inclinó ni a derecha ni a izquierda, sino que mantuvo la vía real, hasta llegar a aquél que dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida… Y con atenta mirada vemos nuestra confusión, porque ese hombre fue uno como nosotros, capaz de sufrir, formado por la misma arcilla de la que hemos nacido también nosotros… Así por tanto en las festividades de los santos debemos ya reír, ya permanecer confundidos; reír porque tenemos patrones que van delante de nosotros; ser confundidos, porque no podemos imitarlos.

Próspero Lambertini (Benedicto XIV) como punto de referencia para las causas de beatificación y canonización, enumera las siguientes motivaciones para no subestimar la santidad.

  1. En primer lugar, porque Dios es alabado en sus santos, y mientras honramos a los siervos, el honor revierte al Señor. Como dije anteriormente los santos no lo son para dar gloria a un monasterio o a la Orden sino para dar gloria a Dios; obviamente tal gloria reporta beneficios también al ambiente donde el santo ha vivido: ¿Cuántos monjes han entrado en San Isidro atraídos por la vida de S. Rafael Arnáiz y Barón? ¿Cuántas carmelitas descalzas han emprendido la vía del Carmelo atraídas por S. Teresita de Lisieux? Se podrían citar numerosos ejemplos desde nuestro San Bernardo a la Beata Teresa de Calcuta.
  2. En segundo lugar, porque conviene sumamente que quien es santo ante Dios sea tenido como tal ante los hombres.
  3. En tercer lugar, porque no sólo se exalta a la Iglesia sino que además quedan confundidos los heréticos. Cada vez más la Iglesia y por lo tanto también nuestra Orden es atacada señalando ejemplos negativo de personas que han perdido su vocación sacerdotal o religiosa; pienso que el mejor modo para refutar a estos “nuevos heréticos” sea el de hacer conocer cristianos y consagrados coherentes: ¿quién mejor que los santos?
  4. En cuarto lugar porque es conveniente que ante el Señor se multipliquen nuestros intercesores. Ya que no pueden ser invocados como intercesores, refiriéndonos al menos a la invocación pública, aquellos cuya santidad no ha sido legítimamente declarada por la Iglesia.
  5. En quinto lugar, porque no poco favorece a los cristianos el tener siempre nuevos ejemplos de virtud que imitar. Viene a propósito el dicho de san Bernardo que en la introducción de la vida de S. Malaquías dice: En efecto, siempre fue necesario describir las vidas ilustres de los santos, y como un condimento de la vida de los hombres sobre la tierra. Por esto ellos viven con  nosotros de alguna manera también dsepués de la muerte, e impulsan y llaman a la verdadera vida a muchos de aquellos que, aun viviendo, están muertos.
  6. En último lugar, porque en las beatificaciones y canonizaciones, hay un gran motivo de alegría espiritual. En la sentencia que viene pronunciada solemnemente por el Sumo Pontífice en la canonización, se expresan tres causas finales: la primera en honor de la Santa y Una Trinidad; la segunda: por la exaltación de la fe católica; la tercera por el incremento de la religión cristiana. Por esto es honrada y glorificada la SS. Trinidad, ya que cualquier cosa digan de alabanza y premio realizada por los santos, no habrían podido llevarla a término sin el beneficio de la gracia divina. Se exalta la fe católica y muchos se acercan a ella por el ejemplo de la santidad y por esto también muchos milagros son hechos por Dios por medio de su intercesión.

Mi conclusión es que la Congregación de la Causa de los Santos, más que ocuparse de los muertos, lo hace con los hermanos y hermanas que, a bien mirar, son más incómodos que las personas vivas porque, si sabemos leer sus vidas desde la óptica de la salvación, nos echan en cara nuestra mediocridad, nuestra pereza, nuestra pusilanimidad, nuestra poca fe y continuamente nos repiten: ¿qué hemos hecho de la vida monástica cisterciense?

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